Leyendas del día de muertos
En 2003 la UNESCO declaró al Día de Muertos como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Esta tradición nos identifica como mexicanos. Es por esto que poner el altar representa un símbolo de respeto hacia los difuntos. Hay leyendas que cuentan que si no se cree, la muerte se acerca para recordarte lo importante de festejar a Todos Santos.
1. El hombre que no puso ofrenda. (Anónimo)
Había un señor que no quería hacer Todos Santos, decía que no era cierto, que los difuntos no vienen, y se burlaba de que los demás sí creían. El día de Todos Santos se fue al monte por leña y allá lo espantaron los muertos.
“¿Por qué otros nos están dando ofrenda y tú no? A otros amigos les están dando su comida, sus tamales, hay de todo, ¿tú no vas a hacer nada?”
Llegó a su casa con trabajos y pensó: “Sí, es cierto lo que dicen, hay que hacer Todos Santos”. Pero ya era tarde, ya se estaba muriendo. Se apuraron a buscar pollo y cosas, pero de qué servía. Se murió en el monte porque no quiso hacer Todos Santos, desde esa fecha todos en el pueblo celebran Todos Santos.
2. El hombre que no respetó el día de difuntos. (Anónimo)
“Se trataba de un hombre que no quería perder un solo día de trabajo en su parcela. Así que cuando llegó la fecha de celebrar el día de difuntos se dijo: “No voy a perder mi tiempo en este día, debo ir a trabajar a mi parcela, cada día debo buscar algo para comer y no voy a gastar mi dinero para esta fiesta, que además me quita mucho tiempo.”
Así que se fue a trabajar al campo, pero cuando estaba más ocupado escuchó una voz que salió del monte y le decía: “Hijo, hijo, quiero comer unos tamales (kuatzam).”
El hombre se quedó muy sorprendido y pensó que era su imaginación la que le hacía oír cosas, pero poco después escuchó claramente otras voces, como de personas que conversaban entre sí y lo llamaban por su nombre; reflexionó sobre lo que estaba sucediendo y comprendió que eran voces de su padre y familiares difuntos que clamaban por las ofrendas que les había negado.
Inmediatamente dejó su trabajo y regresó corriendo a su casa; ahí le dijo a su mujer que matara unos guajolotes e hiciera unos tamales para ofrendar a sus difuntos en el altar familiar.
Mientras la mujer trabajaba sin cesar en la cocina preparando las ofrendas, el hombre se acostó a descansar por un rato. Cuando todo quedó listo fue la mujer a despertar a su esposo. No logró despertarlo, pues el hombre estaba muerto; aunque había cumplido con lo que pedían sus familiares difuntos, estos de todos modos se lo llevaron.
Es por eso que en la Huasteca se cree que es una obligación preparar ofrenda para los difuntos; de esta forma se les complace y se comparte junto con ellos la alegría que se vive en familia.
Por eso nunca se debe dejar de ofrendar a los muertos el 2 de noviembre; se prenden cohetes y bombas para que su ruido espante al demonio; también se encienden velas para que iluminen el camino al difunto. Si a éste le gustaba mucho el aguardiente, por ejemplo, se le debe comprar y poner en el altar para que lo tome.
Estos ritos son obligatorios, porque si no se celebran es muy posible que los muertos se lleven al dueño de la casa.”
3. Adiós Maximino, ahora tendrás que acompañarnos. (Anónimo)
“Maximino del Ángel Bautista, joven artesano y músico jaranero de la Danza de los Viejos, nos cuenta un mito de cómo un hombre, que descuidó sus obligaciones para con los muertos de su familia, se encontró en el camino con los difuntos del pueblo, entre los que iban sus padres ya fallecidos, cuando regresaban tristes por no haberles recibido con ofrenda como a los demás.
De regreso a su casa, el hombre quiso ofrendar un puerco en tamales, por lo que se puso a trabajar muy duro y al terminar se dispuso a descansar, pero los tamales sólo sirvieron para su propio velorio, pues cuando lo fueron a ver ya estaba muerto.”
Estás son solo algunas de las leyendas que envuelven este día, te invitamos a conocer más en el libro “La Festividad Indígena dedicada a los muertos en México” publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).